miércoles, 25 de febrero de 2009


Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos...!

miércoles, 18 de febrero de 2009


No eres tú,
es el destornillado cotidiano azar,
la puerta del delirio, la fangosa realidad,
los narcos, la inflación, la solución impar,
los dioses apagados, la fantasía incapaz,
Berlín, Fidel, el Papa, Gorbachov y Alá.
No eres tú, mi amor...

No eres tú,
son estos días de mierda que también se irán,
son Lennon y Guevara que no quieren regresar,
latinos divididos sin América;
soy yo, que no me curo de quererte más,
es por los pasaportes y la enemistad.
No es por ti, mi amor...

No eres tú,
es tanta democracia para no creer,
es la canción de Silvio y la crisis de fe,
es la sabiduría de desaprender,
es Panamá sin guía, agradeciendo a Bush,
es un amor por Cuba,
es socorrer la luz,
es como cuando faltas, cuando faltas tú.
No eres tú, mi amor...

No eres tú,
no eres lo que esta noche me costó inventar,
es falta de marcianos, es por mi aterrizar;
es que me falta cuento en esta capital:
se amarga hasta el romance y la anarquía crece más;
es cuerda que se oxida en esta vena de pensar,
es musa mal parida, es que no sé ni qué cantar,
No eres tú, mi amor...
No eres tú...
¡Son los demás!

domingo, 15 de febrero de 2009


Cuentan que, como siempre, una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el cansancio había bostezado por tercera vez, la locura, tan loca como siempre, les propuso: “¿jugamos al escondite?” La intriga levantó la ceja intrigada, y la curiosidad, sin poderse contener, preguntó “¿al escondite? y… ¿cómo es eso?” “es un juego” explicó la locura “en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras os escondéis, y cuando yo haya terminado de contar, el primero de vosotros que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego”. El entusiasmo bailó secundado por la euforia, la alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda, e incluso a la apatía, a la que nunca le apetecía nada; pero no todos quisieron participar. La verdad no quiso esconderse, para qué, si al final la iban a hallar, la soberbia opinó que era un juego muy tonto, pero en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiera sido suya, y la cobardía prefirió no jugar. “UNO, DOS, TRES” Comenzó a contar la locura. La primera en esconderse fue la pereza, que, como siempre, se dejo caer en el primer sitio. La fe subió al cielo, y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo, que con su propio esfuerzo, había logrado subir a la copa del árbol más alto. La generosidad no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino ideal para la belleza, que si la sombra de un árbol perfecta para la timidez, que si el vuelo de una mariposa lo mejor para la voluptuosidad, que si una ráfaga de viento, lo mejor para la libertad… así que terminó por ocultarse en un rayo de sol. El egoísmo en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio: ventilado, cómodo, pero eso sí, sólo para él. La mentira se escondió en el fondo de los océanos…. ¡mentira! Se escondió detrás del arco iris, y la pasión y el deseo en los volcanes; el olvido…. el olvido se me olvidó dónde se escondió, pero eso no es lo importante. Cuando la locura contaba 999.999 el amor no había visto ningún sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal, y enternecido, decidió esconderse entre sus flores. “Un millón” contó la locura. Y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la pereza, sólo a tres pasos de la piedra. Después escuchó a la fe discutiendo con Dios en el cielo sobre zoología. A la pasión y al deseo los sintió en la erupción de los volcanes, en un descuido encontró a la envidia, y claro, pudo deducir dónde estaba el triunfo, al egoísmo no tuvo ni que buscarlo: él solito salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed, y al acercarse al lago descubrió a la belleza, y con la duda fue más fácil todavía, pues estaba sentada sobre una cerca sin decidir aún de qué lado esconderse. Así fue hallando a todos: el talento entre la hierba fresca, la angustia en una oscura cueva, la mentira tras el arco iris, y hasta el olvido, que ya había olvidado que estaba jugando al escondite. Pero sólo el amor no aparecía por ningún sitio. La locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas, y cuando estaba a punto de darse por vencida divisó un rosal. Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó: las espinas habían herido en los ojos al amor. La locura no sabía que hacer para disculparse: lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo. Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la Tierra, “el amor es ciego, y la locura son sus ojos”...

viernes, 6 de febrero de 2009


"Toda tu vida, corre el peligro de vivir lo que quieras creer..."

domingo, 11 de enero de 2009

El problema somos usted y yo, no el mundo


El mundo no es algo separado de usted y de mí; el mundo, la sociedad, es la relación que establecemos o procuramos establecer entre nosotros. Así pues, el problema somos usted y yo, no el mundo, ya que el mundo es la proyección de nosotros mismos y para comprender el mundo debemos comprendernos a nosotros mismos. El mundo no se halla separado de nosotros; somos el mundo, y nuestros problemas son los problemas del mundo...

Jiddu Krishmaurti

sábado, 20 de diciembre de 2008


En algún lugar debe haber un basural donde están amontonadas las explicaciones. Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural.

miércoles, 10 de diciembre de 2008


Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación de] amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero...

Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto