"[...] las condiciones actuales -a diferencia de las antiguas- permiten comprender mejor cómo el conocimiento es un derecho de todos, derecho humano de aprender, y no de algunos privilegiados, y cómo la sociedad misma parece encaminarse a una mayor valoración de los aspectos cognitivos en la construcción y organización de las relaciones humanas. Claro, "corruptio optimi pessima": la corrpución de lo mejor es la peor de todas. Y en este sentido es más claro este juicio cuando se constata empíricamente que el derecho humano a aprender es sistemáticamente y extendidamente violado, y cuando se constata también que el conocimiento tiende a ser confundido con la mera información y desde ahí transformado en un mero "valor de cambio". Para muchos, la sociedad del conocimiento que se anuncia para el próximo milenio no es otra cosa que la sociedad de la rentabilidad máxima de la información y sus negocios."
Carlos Cullen
miércoles, 25 de noviembre de 2009
martes, 3 de noviembre de 2009

Hay miradas que dan vida, que dan fuerza, que transmiten paz. Los ojos como la ventana por la que miramos el alma. Los ojos como la puerta al infinito. Los ojos como esperanza, como símbolo de lucha, de fatiga y de calma. Los ojos que no mienten. Los ojos que brillan y que lloran, que rien y que juegan. Los ojos, tus ojos, los más lindos ojos. Los que me esperan ansiosos, los que me miran felices, los que yo miro feliz. Tus ojos, tus hermosos ojos. Los que nunca mienten, los que nunca callan, los que nunca dejan de vivir. Gracias por tantas miradas que dicen tantas verdades. Gracias por seguir mirando un poco más allá sin dejar de mirar nunca, un poco acá...
viernes, 16 de octubre de 2009
Hay días...

Duele saber que hay días que te levantas
y el dolar cotiza más que las utopias.
Duele saber que hay días que te levantas,
y el hambre cayó más bajo en Wall Street.
Hay días terribles, días tristes.
Duele saber que hay días que escuchás el noticiero
y ya nadie habla de amor.
Duele saber que hay días que un niño llora,
mientras muchos pelean por el raiting y por el show.
Hay días terribles, días tristes.
Hay días que no escuchas perdón ni por favor,
sólo escuchas el odio y el rencor.
Pero también hay días que la esperanza que me dan tus ojos
es más fuerte y me llena de ganas,
me llena de vida, me llena de amor...
Siempre a tu lado por otro mundo posible.
jueves, 24 de septiembre de 2009

Te invento cada noche cuando nace el silencio,
cuando cesan las palabras de los amantes
que se besan furtivamente en los rincones,
sobre las sábanas húmedas.
Te invento cada noche cuando la luna
me cubre con su sombra,
con su mágica esperanza,
con su tierno esplendor.
Te busco entre los sueños,
entre el llanto de tu risa,
en los segundos que se apagan,
entre los días que se agitan.
Te siento en la ternura
del amor que sobrevive,
te amo en la locura,
en el alma, en la alegría.
Te invento para acercarte,
para sentirte a mi lado,
me invento para amarte
para darte más sueños.
martes, 25 de agosto de 2009
lunes, 10 de agosto de 2009
Un lugar diferente
Cuando observé aquel lugar por primera vez, sentí que mi cuerpo se estremecía de golpe. Recuerdo que, a simple vista, parecía un sitio como tantos otros que yo había visitado en mis anteriores viajes; pero al acercarme, me di cuenta de que estaba equivocado. Había llegado a un lugar diferente.
No tenía reloj, pero recuerdo que cuando descubrí ese paisaje, los primeros rayos de sol penetraban con mucho esfuerzo las hojas y ramas de aquellos frondosos árboles. Sólo algunos rayos lograban su objetivo y golpeaban el suelo repleto de hojas secas que crujían a medida que yo caminaba. Aquel lugar era inhóspito y por eso, mis pasos eran con miedo, alertas a cada sonido que se desprendía desde las copas de los árboles o entre aquellas plantas llenas de flores que inundaban de una aroma dulce pero extraño aquel lugar. Raro esto. En mi vida había recorrido cientos, miles de lugares y sin embargo, todo allí era nuevo, desconocido, sorprendente.
El sol se elevaba cada vez más en el cielo y la luz le iba ganando terreno a la espesa niebla que cubría de una sombra aterradora aquel lugar. No sabía qué hacer, dudaba a cada paso y constantemente miraba de reojo hacia mi alrededor con la firme certeza de que estaba siendo observado. Tenía sed. Mi boca, sólo podía sentir el amargo sabor de mi saliva, producto de una rara fruta que, por el hambre, había atinado a probar.
De repente, sentí como ese sonido se iba acercando a mí. Mi oído podía percibir cómo aquellos pasos sonaban cada vez más fuerte, cómo la distancia se iba acortando. Yo quedé inmóvil, paralizado. Mi mente le ordenaba a mi cuerpo que se mueva, pero éste no respondía. Mis ojos sólo atinaban a mirar hacia adelante por miedo a voltear y encontrarse con aquello que no reconocía.
Entonces, en el preciso instante en que sentí a ese ser extraño respirar en mi oído, llenando el aire con su aliento, afilando sus garras para atacarme, desperté.
Tu presencia me inspira...
No tenía reloj, pero recuerdo que cuando descubrí ese paisaje, los primeros rayos de sol penetraban con mucho esfuerzo las hojas y ramas de aquellos frondosos árboles. Sólo algunos rayos lograban su objetivo y golpeaban el suelo repleto de hojas secas que crujían a medida que yo caminaba. Aquel lugar era inhóspito y por eso, mis pasos eran con miedo, alertas a cada sonido que se desprendía desde las copas de los árboles o entre aquellas plantas llenas de flores que inundaban de una aroma dulce pero extraño aquel lugar. Raro esto. En mi vida había recorrido cientos, miles de lugares y sin embargo, todo allí era nuevo, desconocido, sorprendente.
El sol se elevaba cada vez más en el cielo y la luz le iba ganando terreno a la espesa niebla que cubría de una sombra aterradora aquel lugar. No sabía qué hacer, dudaba a cada paso y constantemente miraba de reojo hacia mi alrededor con la firme certeza de que estaba siendo observado. Tenía sed. Mi boca, sólo podía sentir el amargo sabor de mi saliva, producto de una rara fruta que, por el hambre, había atinado a probar.
De repente, sentí como ese sonido se iba acercando a mí. Mi oído podía percibir cómo aquellos pasos sonaban cada vez más fuerte, cómo la distancia se iba acortando. Yo quedé inmóvil, paralizado. Mi mente le ordenaba a mi cuerpo que se mueva, pero éste no respondía. Mis ojos sólo atinaban a mirar hacia adelante por miedo a voltear y encontrarse con aquello que no reconocía.
Entonces, en el preciso instante en que sentí a ese ser extraño respirar en mi oído, llenando el aire con su aliento, afilando sus garras para atacarme, desperté.
Tu presencia me inspira...
domingo, 2 de agosto de 2009

Cuando era chico quería cambiar el mundo, cuando empecé a crecer me di cuenta de que el mundo era demasiado grande, así que quería cambiar mi país. Unos años más tarde comprendí que mi país también era grande entonces pensé en mi ciudad... hoy, a los 26 años, me doy cuenta de que no sé si podré cambiar algo, pero si sé que podré regalar sonrisas y como dice Arbolito: "Las revoluciones se hacen con una sonrisa"
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